sábado, 26 de junio de 2010

Hoy apetece de historia: Gaugamela.

En la primavera de 331 a.C Alejandro avanzó hasta el corazón de Persia: llega al Éufrates y a la altura de Tapsaco funda la ciudad de Niceforio que en realidad sería algo así como un punto de abastecimiento para las tropas. Alejandro se enteró entonces de la posición de Darío III, estaba en Arbelas. Por ello, el macedonio cruzó el Tigris y se dirigió al norte bordeando el río mientras Darío, avisado por los espías en el ejército griego, se dirigió hacia Gaugamela.
Esta llanura se encontraba a 53 kilómetros de Arbelas aproximadamente. Darío eligió este escenario porque era amplio, allí su elevado número de tropas podía representar una verdadera amenaza para Alejandro muy inferior en cuanto a número. Sin embargo, una de las lecciones que nos dejó esta batalla es que los números no ganan batallas.
Gaugamela es el mejor ejemplo de que la táctica militar, mientras más novedosa y efectiva sea, es la que se impone. El mismo Alejandro consultó, planeó y decidió, muchas veces ignorando a sus generales más experimentados. A eso hay que agregarle el genio militar del joven macedonio, por ello aceptó sin amilanarse el lugar de batalla que le había propuesto Darío III.
Como ocurre frecuentemente con el tamaño de los ejércitos que combatieron en la época antigua, los historiadores modernos dudan de las cifras dadas por los historiadores antiguos. Dan cifras exageradas para los persas, como por ejemplo Diodoro Sículo y Plutarco los cuales afirmaban que eran 1.000.000 en total. Por ello los historiadores actualmente estiman que el ejército de Darío III no pasaría de los 92.000 combatientes y el de Alejandro de los 47.000.
Así las cosas, el 30 de septiembre por la noche, el ejército de Alejandro se situó a pocos kilómetros de los persas y se pusieron a descansar. Mientras Darío mantenía despiertos a sus soldados, temeroso de un ataque nocturno, lo cual hizo que estos llegaran algo cansados a la mañana siguiente.
Los persas formaban una extensa línea, su ala izquierda al mando de Bessos estaba formada por las tropas bactrianas, daeas, persas, escitas y cadusianas. En el ala derecha, al mando de Maceo, se hallaban las tropas sirias, mesopotamias, medas, partas, sucianas, tibarianas, hircanias, albanias y sacesanias. Darío se situaría en medio, con sus mejores tropas, protegido por 15 elefantes y unos 50 carros.
Por otro lado, Alejandro sumaba 7.000 jinetes y 40.000 infantes. La caballería principal eran los Hetairoi, compuesta por nobles macedonios que siempre iban cerca de Alejandro. La infantería fue decisiva en ésta batalla se dividía en pesada, la falange y los hipaspistas (cuerpo especializado que cubría los huecos de la poco flexible falange), la infantería ligera, tracios, agrianos (estos últimos lanzadores de jabalinas que destrozaron a los carros en esta batalla) y hoplitas griegos que intervinieron para cubrir la retaguardia de la falange.
En el ala derecha, Alejandro mandaba junto con su caballería noble acompañándolo. La cabalería mercenaria constaba de los veteranos en el flanco derecho y el resto se colocó al frente de los arqueros agrianos y macedonios, que se ubicaban al lado de la falange. Así en caso que fueran rodeados podrían dar media vuelta y enfrentarse al enemigo desde la dirección contraria. El flanco izquierdo estaba al mando de Parmenio, con los jinetes de Farsalia, los mercenarios griegos y las unidades de caballería tracia.
La novedad de la formación macedonia fue la colocación de una reserva tras la primera línea. Consistía en dos columnas volantes, una detrás de cada ala. Estaban colocadas formando ángulo con el frente, a fin de coger de flanco al enemigo si éste intentaba rodear las alas. Alejandro dispuso su ejército de modo que diera frente a todas partes, formaba un gran rectángulo que podía enfrentarse a ataques provenientes desde cualquier lugar. Como bien se sabe, Alejandro nunca dejó puntos débiles tras de sí.
Cuando se inició el combate, y para total sorpresa de Darío, la caballería de Alejandro se movió hacia flanco izquierdo de los persas. No avanzó directamente hacia las filas de Darío, en busca de éste, muy bien resguardado, y que habría significado una muerte segura. Darío entonces ordenó que su ala izquierda contuviera el movimiento lateral de Alejandro realizando una salida envolvente. Alejandro, a su vez, inició un ataque hacia el centro de las tropas envolventes y dio comienzo a una serie de ataques y contraataques hasta que las formaciones persas quedaron rotas.
Ya para ese momento, Darío había lanzado sus carros contra la falange, pero los occidentales abrieron sus filas dejándolos pasar para luego pasar cuchillo hasta el último hombre.
El rey persa pensaba rodear la formación macedonia casi en su totalidad, pero cometió un grave error: una línea tan enorme no puede contener elementos de suficiente profundidad para llevar a cabo una ruptura táctica en profundidad.
La batalla de Gaugamela volvió a ser una batalla de caballería, pero sólo donde Alejandro tenía a su caballería. La caballería de carga persa no pudo romper una formación como la falange griega y mucho menos la falange macedonia.
Darío envió, cometiendo un gran error, a la caballería persa del sector central para detener a Alejandro y sus avances en la batalla, pero esto sólo generó que se abriera un punto vulnerable para él. Era lo que Alejandro había querido. El caudillo macedonio dejo su posición lateral y con todos sus jinetes disponibles se dirigió hacia la brecha dejada por Darío, quién al verse tan cerca de el temerario joven abandonó el campo de batalla.
Sin embargo los persas que aún quedaban en el campo decidieron romper las líneas macedonias con el fin de rescatar a la familia real (capturada por Alejandro); su ataque no prosperó, pues la falange consiguió acabar con cualquier ataque envolvente del ala izquierda persa.
Mientras, en el otro extremo, el derecho, la caballería persa si consiguió envolver al lateral izquierdo del ejército de Alejandro. Justo en esos momentos el caudillo se debatía entre seguir a Darío o continuar batallando, aunque finalmente sabemos que Alejandro desistió de su idea tras recibir el mensaje de Parmenio y aunque lo hizo enfurecido y desesperado, envío sus Hetaroi en ayuda de su ala izquierda para aniquilar a los persas. Libre Parmenio, se reanudó la persecución que se prolongó hasta la noche, iniciando una marcha forzada sobre Arbelas, pero Darío logró escapar.
Según estimaciones modernas se perdieron entre 500 a 1000 vidas greco-macedónicas, frente a 40 mil persas, lo cual no deja de ser exagerado, sin embargo, conocer la cifra exacta siempre será algo imposible de averiguar.
Aunque muchas veces la batalla de Gaugamela quedó eclipsada por la de Issos, no debería ser así. Fue una de las batallas de las que más conclusiones tanto tácticas pero también estratégicas se pueden sacar. En ella se apoyarían personajes como Aníbal, el cual jamás lanzó a sus jinetes contra la infantería romana salvo cuando la caballería enemiga había sido vencida y puesta en franca huída, y nunca lanzó a su caballería contra el grueso de las legiones, sino contra su retaguardia.

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