viernes, 25 de junio de 2010

Hasta siempre.


Hace justo una semana se despediría de nosotros una de las voces más importantes de la literatura portuguesa de todos los tiempos.
José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 en el seno de una familia campesina y, en 1924, se trasladó junto a sus padres y su hermano mayor a Lisboa, donde cursó sus estudios de Primaria y comenzó el ciclo de Bachillerato. Sin embargo, el autor no pudo terminar la educación secundaria debido a las dificultades económicas de su familia y, con apenas 12 años, ingresó en una escuela de enseñanza profesional para aprender el oficio de cerrajero mecánico. Podríamos decir que a partir de ese momento combinó su trabajo en un taller con el estudio autodidacta. En esta época, comenzó a frecuentar una biblioteca pública de Lisboa durante la noche. "Y fue así, sin ayudas ni consejos, apenas guiado por la curiosidad y por la voluntad de aprender, que mi gusto por la lectura se desenvolvió y pulió", aseguró el escritor en una pequeña autobiografía en la página web de su fundación homónima. Ello le sirvió para que, años más tarde, entrara como oficinista en la administración de la Seguridad Social.
Asentado en su nuevo trabajo y recién casado, Saramago publicó "Tiempo de pecado" en 1947, que pasó sin pena ni gloria por el panorama portugués.Saramago escribió una segunda novela, Claraboya, pero nunca fue publicada. A partir de ese momento se produce un largo parón en la carrera literaria de Saramago que no retomaría hasta casi veinte años más tarde.
Mientras tanto, Saramago colaboró con periódicos y revistas y pasó a trabajar para una editorial como traductor de autores como Leon Tolstoi o Charles Baudelaire. En 1966, el autor publicó la colección poética "Os poemas possíveis", después de casi 20 años alejado de la escritura. Sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Salazar. En 1969 se afilió al, por aquel entonces, clandestino Partido Comunista Portugués y en 1974 se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles", que llevó la democracia a Portugal.
De esta forma, Saramago vivió su etapa de máximo esplendor durante la madurez, publicó "Memorial del convento" en 1982 y apenas dos años más tarde vería publicada una de sus obras más conocidas, "El año de la muerte de Ricardo Reis". En 1986 publicó "La balsa de piedra", una fábula en la que trató uno de sus temas políticos favoritos.
Sin embargo, el verdadero éxito y una gran presencia mediática le llegaron con "El evangelio según Jesucristo". Obra que levantó un gran malestar no sólo entre la jerarquía católica sino también en el gobierno de su país, el cual vetó su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que “ofende a los católicos”. El escándalo fue uno de los motivos que llevaron a Saramago a instalarse en la Isla de Lanzarote con su segunda mujer en 1991.
Sus últimas obras a partir de entonces llegaron poco a poco al mercado internacional, siendo "Ensayo sobre la ceguera" (1995) uno de sus libros más celebrados. En 1997 publica su novela "Todos los nombres", que gozó también de gran reconocimiento. En 1998 gana el premio Nobel de literatura por "Ensayo sobre la ceguera", convirtiéndose en el primer escritor de lengua portuguesa en ganar este premio. Desde entonces compartió su residencia entre Lisboa y la isla canaria, participando en la vida social y cultural de ambos países cuyas estrechas relaciones justificó en una entrevista para proponer su idea utópica de creación de una Iberia unida. Su proyección se hizo mundial y su figura alcanzó nuevos niveles de polémica al manifestar, sin ningún tipo de tapujo, sus ideas en contra de la política neoconservadora, la actitud de la Iglesia Católica y a favor de los pueblos más desfavorecidos. Sus últimas obras fueron grandes éxitos, como "El viaje del Elefante" (2008) y "Caín" (2009), con la que volvió a levantar voces airadas en el Vaticano.
Falleció a los 87 años, el día 18 de junio de 2010 , en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Las Palmas) debido a una leucemia crónica que derivó en un fallo multiorgánico. Había hablado con su esposa y pasado una noche tranquila. Saramago escribió hasta el final de su vida, pues se dice que llevaba 30 páginas de una próxima novela.
La literatura de Saramago es siempre una reflexión poética sobre el mundo contemporáneo y sus lastres políticos, sociales y culturales. De entre las opiniones de los más cercanos a Saramago destacan las de Marisol Schultz, otra de las editoras de sus textos en Alfaguara: “En todas sus obras hizo que reflexionáramos sobre la condición humana y sobre lo que el hombre destruye, tanto por su comportamiento en sociedad como por su afán de poder o por la religión”. O las de Enrique Tamés, director de la División de Humanidades del Tec de Monterrey en México, el cual describió que escuchar a Saramgo era como estar leyendo una de sus novelas. Por su parte Xavier Velasco, escritor mexicano Premio Alfaguara de Novela 2003, señaló que Saramago “como narrador nos dejó una obra envidiable y monumental, es un escritor de una prosa muy trabajada, es un perfeccionista tremendo de la escritura”.
De su faceta de activista muchos de los intelectuales consultados coincidieron en que Saramago defendió abiertamente causas como el indigenismo, la Revolución Cubana y la lucha de Palestina contra Israel, así como su crítica a la religión. La escritora Rosa Beltrán dijo que, “Era más un ideólogo en ciertos momentos, fue un crítico de las religiones, para él toda religión es el origen de la mezquindad entre los seres y la fe es el pretexto para desatar a los demonios que se escudan detrás de la creencia de un Dios personal”.
Si bien no siempre fue alabado por apoyar a causas bastante cuestionables, tachándole incluso de tener simpatía por tiranos por un dogmatismo fragmentario, no se puede negar que José Saramago veía el lado humano de la sociedad y se preocupaba por ella en su sentido mas profundo. Es por ello que, para muchos, “su vocación de honestidad, la vocación de que uno puede ser lo que es y a la vez ser honesto, lo que el mundo necesita para ser mejor es personas honestas” es una de sus enseñanzas más valoradas.

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